Forever

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En su despacho, el señor Wilde andaba perdido en el imperio que había creado. El trabajo de varias vidas que, al fin, concluía aquella noche.

Caminó hacia el corazón de su obra, un escritorio y una butaca tan blancos como el rostro de la muerte. El sistema se encendió con un pitido y la pared de cristal negro que se alzaba ante sí se encendió. Sobre un fondo tan blanco como la estancia, aparecieron inscritas unas palabras del color de la esperanza.

FOREVER

Las arrugadas manos del señor Wilde temblaban por la expectación, incapaz de creer que su sueño fuera a hacerse realidad.

Al igual que millones de personas llevaban haciendo durante años desde todas partes del mundo, introdujo su nombre de usuario (mrgris) y su contraseña (D0R14N). La pantalla tardó unos segundos en cargar, pero al señor Wilde no le importó. Llevaba lo que parecía más de un siglo esperando este momento. ¿Qué era, en comparación, esperar cinco segundo?

Nada.

En la pantalla comenzaron a brotar las diferentes fotografías que los usuarios de la red social habían colgado a lo largo del día.

Forever había sido un éxito desde el día de su lanzamiento al público. En cuestión de meses había logrado eliminar a la competencia, dejando tan solo a un titán imbatible: Instagram. Pese a la frustración que pudo sentir al principio, el señor Wilde había optado por ser paciente. Había aprendido a valorar el paso del tiempo con el transcurso de este.

Al fin, tras largos años de vida, el titán daba sus últimos coletazos en un intento desesperado por mantenerse con vida. El señor Wilde calculaba que pronto dejaría de ser un problema. O bien moriría como tantas otras redes sociales, o bien Forever acabaría absorbiendo a su rival.

Si todo salía como debía, la red social se convertiría en su legado de inmortalidad.

Los retratos habían servido a su propósito durante muchos años; pero en la era digital, al final todo se resumía en reinventarse o morir; y vaya su se había reinventado el señor Wilde.

Según las estadísticas, ante él se encontraban unas 95 millones de fotos. No todas servían para su propósito. El señor Wilde no acababa de entender porque la gente se empeñaba en hacerle foto a su comida o a las cosas que se había comprado en una tarde de delirio consumista. Pero no importaba, aquella noche solo necesitaba poco menos 32 millones para cumplir su propósito.

Con su cuenta de creador, seleccionó las fotos que le interesaban sin prestar demasiado atención a quien aparecía en ellas. Lo único que importaba era que alguien apareciera en las fotos. Daba igual  lo que estuvieran haciendo, peor que se les viera en aquel segundo de vida que la cámara había inmortalizado.

Después las descargó, y encendió la cámara del sistema. Su rostro, anciano y desgastado por el tiempo, apareció en pantalla junto a la ventana de descarga.

En un suspiro, 32 millones de fotos, de segundos, descendieron de la red y fueron a parar al cuerpo del señor Wilde. Un año de vida. El cambio  apenas se podía percibir (tan solo algunas canas que habían recuperado el color negro original), pero el resultado era inmejorable.

Con una gran sonrisa de satisfacción, el señor Wilde cerró la red. El logo y el lema de la red aparecieron antes de que la pantalla se tornara negra.

Forever. Donde tus recuerdos te devuelven la vida.

Forever2

 

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